Poesía 3
El laberinto del camino se extiende ante mis ojos, y mi auto se desliza cual tigre ágil en el rocío.
Los fantasmas del pasado se ciernen en mi mente, y mi corazón late fuerte, ansioso por vencerlos.
El rugido del motor es mi canción preferida, y las ruedas son mis alas en este vuelo sin medida.
En el laberinto del tiempo busco una salida segura, y mis frenos son mi guía en la lucha por mi cordura.
Pero a veces el camino se vuelve un precipicio, y mi auto se desliza en un vértigo sin límites.
Los fantasmas se ríen, y mi corazón se desespera, y es entonces cuando busco la fuerza en mi trinchera.
Los frenos son mi arma, la luz en la oscuridad, y gracias a su poder puedo volver a comenzar.
¿Qué sería de mi viaje sin los frenos a mi lado? ¿Podría seguir adelante sin su poder controlado?
Me pregunto si en la vida también existe un freno, una fuerza que nos guíe y nos salve del infierno.
¿O es que estamos condenados a vagar por el laberinto, sin un guía que nos lleve al final de nuestro destino?
Quizás la respuesta esté en nuestra propia valentía, en nuestra habilidad de ser los dueños de nuestra fantasía.
Así que avanzo en mi auto, en el laberinto del tiempo, con la certeza de que los frenos siempre serán mi aliento.

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